A tres años del biocidio de un oso jucumari en inmediaciones del Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) El Palmar, una nueva audiencia judicial está prevista para este 16 de septiembre. El biólogo Mauricio Peñaranda advierte que la pérdida de un solo ejemplar puede tener un impacto significativo sobre una población considerada pequeña y vulnerable.
El caso del oso jucumari muerto en inmediaciones del Área Natural de Manejo Integrado El Palmar, en Chuquisaca, vuelve a la agenda pública cuando, tres años después del hecho, el proceso judicial llega a una nueva audiencia prevista para este 16 de septiembre.
El biólogo Mauricio Peñaranda explicó que este caso trasciende la muerte de un solo animal y pone en discusión uno de los principales desafíos para la conservación de la fauna silvestre en Bolivia: encontrar mecanismos que permitan la convivencia entre las comunidades y especies como el oso andino.
El hecho ocurrió en julio de 2023, cuando un oso jucumari fue perseguido y posteriormente muerto en la comunidad de Rumi Cancha, próxima al límite del área protegida. El caso derivó en un proceso penal contra tres personas.
Peñaranda destacó la importancia ecológica del Tremarctos ornatus, conocido como oso jucumari, oso andino u oso de anteojos. Explicó que se trata de una especie clave para los ecosistemas, tanto por su posición dentro de las cadenas ecológicas como por su capacidad para dispersar semillas.
“Es como el jardinero de los Andes”, señaló el biólogo al referirse a su papel en la regeneración de los bosques. Por sus hábitos y características, añadió, también puede ser considerado un “arquitecto del bosque”.
La conservación de esta especie resulta particularmente relevante en El Palmar, donde existe una población que, según estudios realizados en años anteriores, sería pequeña y vulnerable.
Peñaranda recordó que el último estudio sistemático mencionado durante la entrevista corresponde a 2018 y que no existe actualmente una cifra precisa sobre el número de ejemplares presentes en esta zona.
Como referencia, estimó que podrían existir alrededor de 20 osos, aunque aclaró que se trata de una aproximación y no de un censo actualizado.
La situación adquiere mayor relevancia porque, según explicó, la población de El Palmar podría encontrarse relativamente aislada de otros grupos de la especie. “Cualquier pérdida de cualquier individuo” puede representar un impacto importante para una población pequeña, sostuvo.

El biólogo explicó que los conflictos entre el jucumari y las comunidades no son recientes. Durante generaciones, familias dedicadas a la agricultura y la ganadería han compartido territorio con esta especie.
En determinados casos, los osos pueden ingresar a zonas productivas y alimentarse de cultivos o atacar ganado, generando pérdidas económicas para las familias.
Este conflicto también está relacionado con la transformación del hábitat. La expansión de áreas destinadas a cultivos y ganadería ha reducido los espacios disponibles para la fauna silvestre y aumentado los encuentros entre personas y animales.
Reportes anteriores sobre El Palmar ya advertían sobre la presencia de osos cerca de comunidades y la presión generada por la actividad ganadera en el territorio.
Para Peñaranda, la respuesta no puede limitarse a pedir a las comunidades que no maten a los animales. El desafío consiste en generar alternativas que permitan reducir los conflictos y, al mismo tiempo, proteger los medios de vida de las familias que habitan el área.
Entre las estrategias mencionadas están la regulación de la ganadería extensiva en determinadas zonas, la creación o conservación de áreas núcleo para la fauna y el impulso de actividades económicas alternativas, como la apicultura y el turismo, además de sistemas productivos que reduzcan la presión sobre el hábitat del oso.
A esto se suma la educación ambiental y el trabajo con niños y comunidades para mejorar la relación entre las personas y la fauna silvestre.
El Palmar tiene una particularidad adicional: es un área protegida donde viven diez comunidades campesinas, por lo que la conservación debe considerar también los derechos y necesidades de las poblaciones locales.
El ANMI El Palmar protege principalmente los bosques secos interandinos y una especie de palmera endémica conocida como janchicoco, pero su importancia ecológica va mucho más allá.
En este territorio también encuentran refugio especies como el oso jucumari, el cóndor andino y la paraba frente roja, una de las aves más amenazadas de Bolivia.
Peñaranda considera que la población de jucumaris de esta zona representa un remanente de una distribución que en el pasado habría sido mucho más amplia.
La Región ha documentado además la particular relación entre el jucumari y el janchicoco en El Palmar, donde los frutos de esta palmera constituyen una fuente importante de alimento para los osos.
Respecto a la audiencia prevista para este 16 de septiembre, Peñaranda reconoció que, al no ser abogado, no podía anticipar cuál será el resultado del proceso. Sin embargo, consideró que la conclusión del juicio podría tener relevancia para futuros casos relacionados con la fauna silvestre.
El caso se encuentra actualmente en etapa de juicio oral y diferentes instituciones y organizaciones han expresado su interés en que el proceso avance con las garantías correspondientes.
Más allá del resultado judicial, el biólogo planteó que la sociedad también tiene una responsabilidad: apoyar a las comunidades que conviven con especies amenazadas para que puedan desarrollar alternativas que reduzcan los conflictos. “Tenemos que ayudar a la gente del lugar a poder cohabitar con estas especies”, sostuvo.
La muerte de un jucumari, concluyó, no debería ser entendida únicamente como un hecho aislado, sino como una señal de los desafíos que enfrenta la conservación de la biodiversidad en territorios donde la vida silvestre y las actividades humanas comparten cada vez más espacio.
El desafío, entonces, no es solamente proteger al oso: es construir las condiciones para que las personas y el jucumari puedan seguir compartiendo territorio.

