Un estudio de evaluación de la severidad de la quema identificó que aproximadamente 10.000 hectáreas fueron afectadas por los incendios registrados en el Valle Central de Tarija y la Reserva Biológica Cordillera de Sama. Del total, unas 2.000 hectáreas presentan daños de alta y moderadamente alta severidad, por lo que deberían ser priorizadas en las acciones de restauración.
El investigador de Prometa, Ricardo Aguilar, presentó los resultados del estudio de Evaluación de la Severidad de Quema del incendio ocurrido en el Valle Central de Tarija y la Cordillera de Sama, un análisis que no solo cuantifica la superficie afectada, sino que identifica la intensidad del daño ocasionado por el fuego sobre la vegetación.
De acuerdo con el informe, los incendios consumieron aproximadamente 9.950 hectáreas, distribuidas en tres grandes sectores: Quirusillas-Pilaya, el sector central de La Victoria y Rincón de La Victoria, y la zona sur de Pinos y Pampa Redonda, siendo este último el foco de mayor afectación.
Aguilar explicó que uno de los principales aportes del estudio fue evaluar la severidad de la quema, ya que el impacto del fuego varía según el tipo de cobertura vegetal. «No toda la vegetación responde igual al incendio. El daño es distinto en pastizales, matorrales o bosques nativos, por eso es importante conocer no solamente cuántas hectáreas se quemaron, sino qué tan severo fue el impacto», señaló.
El análisis determinó que alrededor de 2.000 hectáreas presentan una severidad entre alta y moderadamente alta, consideradas las zonas prioritarias para futuras intervenciones de restauración ecológica.
El especialista indicó que estos resultados permiten orientar de mejor manera la planificación de acciones de recuperación, las cuales también deberán considerar otros factores como las comunidades afectadas, las fuentes de agua, la infraestructura y los medios de vida de la población.
Otro de los datos relevantes del estudio es que alrededor de 5.000 hectáreas quemadas se encuentran dentro de los límites de la Reserva Biológica Cordillera de Sama, uno de los principales ecosistemas estratégicos para la provisión de agua del departamento.
Aunque el estudio no cuantifica el impacto sobre la fauna silvestre, Aguilar explicó que sí evalúa la pérdida de biomasa vegetal, incluyendo pastizales, arbustales y bosques nativos.
El investigador advirtió que la pérdida de cobertura vegetal afecta directamente el funcionamiento del ciclo hidrológico, explicando que la vegetación actúa como una «esponja natural», amortiguando el impacto de las lluvias y favoreciendo la infiltración del agua hacia el subsuelo. Sin esa cobertura, aumentará el escurrimiento superficial, la erosión del suelo y el arrastre de sedimentos hacia quebradas, ríos y otras fuentes de agua.
«Cuando lleguen las lluvias habrá mayor escurrimiento superficial y menor infiltración. Son efectos que muchas veces no se observan de inmediato, sino que se manifiestan en el mediano y largo plazo», indicó.
Asimismo, señaló que será necesario desarrollar investigaciones específicas para medir el impacto de estos incendios sobre la disponibilidad hídrica en el departamento.
Más allá de la restauración de las áreas afectadas, Aguilar afirmó que Tarija debe pasar de una estrategia basada únicamente en responder a las emergencias a un modelo de prevención permanente.
En ese sentido, propuso implementar un Sistema de Alerta Temprana para Incendios Forestales, conformado por cuatro componentes fundamentales; identificación y análisis de los riesgos mediante estudios históricos de incendios y condiciones climáticas, Monitoreo permanente mediante tecnología satelital y verificación en campo de focos de calor, Sistemas de comunicación y difusión que permitan activar respuestas rápidas, Programas de restauración que cierren el ciclo de prevención y recuperación de los ecosistemas.
«Actualmente trabajamos reaccionando cuando ocurre el incendio. Lo que necesitamos es un sistema permanente de prevención y alerta temprana», enfatizó.
Señaló que bomberos voluntarios y comunarios continúan combatiendo el fuego con equipamiento insuficiente, careciendo de herramientas básicas como batefuegos, ropa especializada y otros implementos de protección personal.
Consideró que, además de invertir en infraestructura y tecnología, es imprescindible fortalecer a las brigadas de respuesta rápida para enfrentar eventos que, debido al cambio climático, podrían ser cada vez más frecuentes e intensos.

