Especialista recomienda fortalecer la gestión del agua y el monitoreo climático ante el riesgo de déficit de lluvias en los valles, el altiplano y el Chaco.
Aunque el denominado «Súper Niño» no constituye una categoría oficial dentro de la clasificación científica de los fenómenos climáticos, Bolivia podría enfrentar a finales de 2026 un evento de El Niño de intensidad muy fuerte, con efectos que podrían traducirse en una reducción significativa de las precipitaciones en varias regiones del país, especialmente en los valles, el altiplano y el Chaco.
Así lo explicó el climatólogo del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (SENAMHI), Kenny Quisbert, durante una entrevista, en la que aclaró que el término «Súper Niño» es utilizado principalmente por algunos medios de comunicación y analistas para describir un episodio de El Niño con anomalías excepcionalmente altas en la temperatura superficial del océano Pacífico.
«Desde el punto de vista técnico, no existe la categoría ‘Súper Niño’. Lo que sí se reconoce es un fenómeno de El Niño muy fuerte, cuando las anomalías de la temperatura superficial del mar superan los dos grados centígrados», explicó.
Quisbert señaló que, si bien el fenómeno todavía no se encuentra plenamente establecido, los últimos reportes internacionales muestran señales claras de fortalecimiento. Según su explicación los registros más recientes evidencian una anomalía positiva de 1,4 grados centígrados en la temperatura superficial del mar, valor que supera ampliamente el umbral de 0,5 grados utilizado para declarar la presencia de una fase de El Niño.
Las proyecciones de los centros internacionales de predicción climática indican que este comportamiento podría intensificarse durante los próximos meses, alcanzando su mayor impacto entre octubre y diciembre de 2026.
El especialista recordó que los antecedentes históricos de los eventos de El Niño muy fuerte, como los registrados en 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016, permiten identificar patrones similares en Bolivia.
Durante esos periodos se registró un marcado déficit de precipitaciones en el altiplano, los valles y parte del Chaco, mientras que las lluvias tendieron a concentrarse en regiones de la Amazonía, el norte de La Paz, Beni y Pando. «Si esta fase continúa fortaleciéndose, podríamos enfrentar nuevamente un escenario con menor disponibilidad de lluvias en estas regiones durante el inicio de la temporada húmeda», indicó.
No obstante, aclaró que actualmente Bolivia atraviesa la época seca del año, por lo que no existe motivo para generar alarma inmediata. Sin embargo, enfatizó que será fundamental realizar un seguimiento permanente de la evolución del fenómeno durante los próximos meses.
Frente a este escenario, Quisbert recomendó que los gobiernos departamentales, municipales y las instituciones públicas comiencen desde ahora a planificar medidas preventivas, principalmente orientadas a la gestión eficiente del recurso hídrico.
El climatólogo sostuvo que resulta indispensable fortalecer las estrategias de almacenamiento, administración y uso responsable del agua para reducir el impacto que una eventual disminución de lluvias podría ocasionar sobre la producción agropecuaria, el abastecimiento para consumo humano y otras actividades económicas.
Asimismo, hizo un llamado a la población para promover una cultura de uso responsable del agua y mantenerse informada sobre la evolución de las condiciones climáticas.
El especialista recordó que el SENAMHI publica mensualmente pronósticos climáticos con proyecciones de temperatura y precipitaciones para los siguientes tres meses, información que constituye una herramienta importante para la planificación de autoridades, productores y ciudadanía.
Finalmente, advirtió que los eventos de El Niño parecen presentarse con mayor frecuencia que en décadas anteriores. «Antes estos eventos retornaban aproximadamente cada cinco a siete años. En los últimos tiempos hemos observado que ese intervalo se ha reducido incluso a dos o tres años, y además los impactos están siendo cada vez más severos», concluyó.
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