MAPIC: INNOVACIÓN Y SUSTENTABILIDAD DESDE EL MONTE CHAQUEÑO

 “El futuro está en el monte, pero con el monte en pie”. Gonzalo Robledo

La harina de algarrobo, más que un producto, se convierte así en símbolo de una nueva ruralidad sustentable, basada en la conservación del bosque, la generación de empleo local y la soberanía alimentaria.

En el corazón del monte chaqueño, en la Argentina ACDI, mediante Impacto Verde el técnico a cargo del Hub de Innovación para el Algarrobo Gonzalo Robledo está demostrando que el desarrollo económico, la inclusión social y la conservación ambiental pueden ir de la mano. A través del proyecto MAPIC, se impulsa la producción de harina de algarrobo como alternativa sostenible a la deforestación, valorizando el fruto del árbol y no su tala.

El proyecto nació hace tres años en el seno de la Universidad Nacional del Litoral, y hoy se consolida como una empresa bajo la forma de sociedad simplificada (Producciones Activas S.A.S.), con una visión clara: transformar la recolección y molienda del fruto del algarrobo en una oportunidad de desarrollo regional. La marca MAPIC, que en lengua qom significa “algarrobo”, ya registra avances concretos en la provincia de Santa Fe y otras zonas del Gran Chaco argentino.

“El modelo es simple y poderoso: dejar de pensar en la madera como único recurso del bosque y comenzar a aprovechar su fruto año tras año”, explica Robledo.

El proyecto no solo se centra en la producción, sino también en el desarrollo de tecnologías propias, como molinos que permiten procesar directamente la vaina entera del algarrobo. Estos avances facilitan la escalabilidad del modelo y permiten su replicación en otras regiones de Argentina, Paraguay, Bolivia e incluso Perú.

Gracias a un proyecto financiado por la Unión Europea, MAPIC está instalando seis nuevos molinos en provincias clave como Chaco, Salta, Jujuy, Santiago del Estero y Santa Fe. A través de estas plantas, se busca articular a pequeños productores, comunidades indígenas y organizaciones territoriales en una cadena de valor inclusiva.

Actualmente, MAPIC comercializa unas 10 toneladas anuales, abasteciendo tanto a la industria alimentaria como a sectores que elaboran balanceado para animales y biofertilizantes. A futuro, proyectan alcanzar las 70 u 80 toneladas para responder a una demanda creciente.

“Queremos que funcione, y para que funcione, la gente tiene que apropiarse del modelo. Es rentable, es sustentable y tiene impacto social real”, afirma Robledo.

La harina de algarrobo es rica en proteínas hasta 14%, minerales y azúcares naturales, lo que la convierte en un alimento nutritivo, libre de gluten, apta para celíacos y beneficioso para personas con diabetes.

Se destaca el modelo, ya que se construye desde abajo. Las comunidades del territorio han sido las primeras en reconocer el valor del algarrobo, aunque hoy muchas ven cómo sus saberes se pierden por el avance de modelos alimentarios urbanos.

MAPIC busca recuperar y articular estos conocimientos ancestrales con el saber técnico-científico, en una sinergia que incluye capacitación, buenas prácticas de cosecha, almacenamiento y procesamiento, asegurando productos seguros y de alta calidad.

“El desafío no es solo producir harina, sino fortalecer todo el proceso: desde el árbol hasta la mesa”, enfatiza Robledo.

La experiencia de MAPIC será una de las protagonistas del próximo Encuentro Mundial del Gran Chaco, en septiembre, donde se presentará como ejemplo replicable de economía de triple impacto: social, ambiental y productiva.

En palabras de Robledo, “el futuro está en el monte, pero con el monte en pie”. La harina de algarrobo, más que un producto, se convierte así en símbolo de una nueva ruralidad sustentable, basada en la conservación del bosque, la generación de empleo local y la soberanía alimentaria.

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