TEJER PARA NO OLVIDAR: LA LUCHA SILENCIOSA DE LAS MUJERES CHIQUITANAS

En la comunidad de Natividad, municipio de San José de Chiquitos, al este de Bolivia, un arte ancestral sigue vivo gracias a manos como las de Martha Siyé Heredia. Ella forma parte de Artesanías Turubó, una asociación conformada por cinco mujeres tejedoras que, desde hace más de dos décadas, luchan por preservar su cultura y ganarse la vida con sus creaciones.

Marta no heredó el arte del tejido de su madre o su abuela, como suele ser tradición en otras regiones. Aprendió mirando a su cuñada y aprovechando un proyecto impulsado por la cooperación alemana GTZ. “Cuando uno se interesa por algo, aprende”, dice con la sencillez de quien domina una técnica compleja: preparar el telar, amarrar las pitas, urdir con precisión y combinar colores según el estado de ánimo y la tradición.

Tejer identidad

Los tejidos que producen no solo son estéticos: son un reflejo de la identidad chiquitana. Algunos llevan figuras tradicionales como las caretas y ángeles que se encuentran en el museo local de San José, inspiradas en el arte sacro misional y las expresiones culturales autóctonas. “Cada una combina colores distintos, según su gusto y su alegría. Eso también representa lo que somos”, explica Marta.

Junto a su hija Reynalda, que también ha aprendido el oficio, Marta tiñe y pinta los diseños sobre el hilo crudo que luego se transforma en carteras, monederos, mochilas y portalápices. El proceso de producción es artesanal y toma tiempo: una cartera puede demorar más de un día en completarse.

Actualmente, la asociación ya no cuenta con el respaldo de una tienda física o una ONG estable que distribuya sus productos. Los pedidos llegan directamente a través de redes sociales, contactos personales o ventas ocasionales en ferias y fines de semana en la plaza central de San José. “Antes se vendía mejor, ahora ya no tanto. Todo ha subido, pero igual seguimos”, comenta Martha, aludiendo a la crisis económica nacional.

Los precios de sus productos varían entre los 10 y 30 bolivianos, dependiendo del tamaño y la complejidad del diseño. No tienen metas mensuales ni una estructura empresarial formal, pero trabajan constantemente, con la esperanza de que cada tejido encuentre dueño y valor fuera de su comunidad.

La organización cumple ya 21 años. Aunque modesta en número, su impacto ha sido profundo para las mujeres involucradas. Han podido participar en ferias, viajar a otros municipios y ser reconocidas como embajadoras culturales de San José de Chiquitos. “Antes solo tejíamos en la comunidad, ahora nos invitan a otros lugares. Eso no lo hacíamos antes”, reflexiona Martha.

El sueño compartido es simple pero potente: que sus productos lleguen a más lugares, que los pedidos crezcan, que puedan ayudar a sus familias y preservar su legado. “Nos gustaría que haya más ventas, para seguir adelante y cumplir nuestros sueños”, dice Marta con la voz serena de quien ha tejido esperanza por más de dos décadas.

¿Cómo apoyar? Puedes conocer más sobre las artesanas de San José de Chiquitos en sus redes sociales, ferias locales o contactarlas directamente a través del Parque Nacional Histórico Santa Cruz La Vieja, que las apoya ocasionalmente en la difusión de sus productos.

Scroll al inicio