Danitza Guzmán advierte sobre la urgencia de reeducar a la sociedad, romper el círculo de los “convencidos” y evitar el greenwashing en nombre de la sostenibilidad
En el marco del Día Internacional de la Educación Ambiental, la ingeniera ambiental boliviana Danitza Guzmán reflexionó sobre los avances, desafíos y urgencias de la educación ambiental en Bolivia, señalando que el principal obstáculo no es la falta de conocimiento o profesionales capacitados, sino la escasa escucha y toma de conciencia por parte de la sociedad y los tomadores de decisión.
Guzmán, con más de 15 años de experiencia como docente, comunicadora y promotora de iniciativas como Buenas Vibras Bolivia y Bajo mi Sombrero Verde, afirmó que “hacer educación ambiental no es difícil, lo difícil es que te escuchen”, y subrayó que el país cuenta con actores preparados y con voluntad, pero aún carece de procesos efectivos para transformar la información en acciones concretas.
“La educación ambiental ha tenido movimientos históricos importantes en Bolivia. Hoy estamos en un momento clave para replantear la currícula y las competencias educativas, porque las transformaciones profundas deben venir desde las nuevas generaciones”, sostuvo.
Durante la entrevista, Guzmán destacó la importancia de fortalecer la educación ambiental en el sistema formal, pero también de aprovechar espacios alternativos como las redes sociales, las iniciativas comunitarias y el entorno familiar. “Muchas veces subestimamos los espacios donde estamos. La educación ambiental ocurre en todo momento y en todo lugar, empezando por casa”, afirmó, resaltando que niñas, niños y jóvenes también pueden ser agentes de cambio dentro de sus propios hogares.
Asimismo, enfatizó que los esfuerzos ya no pueden concentrarse únicamente en los círculos ambientalistas. “No podemos seguir convenciéndonos entre los convencidos. Tenemos que llegar a quienes no están conectados con la temática: comerciantes, trabajadores, amas de casa, sectores de la economía informal”, señaló, compartiendo experiencias de educación ambiental dirigidas incluso a hijos e hijas de comerciantes como estrategia de transformación a largo plazo.
Uno de los ejes centrales de la conversación fue la relación entre medioambiente y economía. Guzmán fue contundente al afirmar que “una crisis ambiental es una crisis social” y que la sostenibilidad debe entenderse como base de una economía sana.
En ese contexto, alertó sobre el uso superficial del discurso ambiental por parte de empresas e instituciones. “Estamos viendo mucho greenwashing. Se habla de sostenibilidad, de finanzas verdes o de biodiversidad, pero sin comprender realmente qué es la gestión ambiental”, advirtió, remarcando la necesidad de reeducar incluso a quienes dicen trabajar por el medioambiente.
Finalmente, Guzmán llamó a asumir una conciencia crítica frente a las prácticas cotidianas y a comprender que los impactos ambientales no reconocen fronteras. “Lo que se quema en Santa Cruz afecta a La Paz, lo que pasa en Tarija afecta a Cochabamba, y lo que ocurre en otros países también nos afecta como Bolivia”, explicó.
Recordó además que la normativa boliviana reconoce a la Madre Tierra como sujeto de derechos, e invitó a reflexionar sobre la relación de dependencia que la sociedad tiene con la naturaleza. “No podemos vivir sin ella. Cada acción genera consecuencias, positivas o negativas, y entender eso es el primer paso para el cambio”, concluyó.

