La reciente firma, aún congelada, del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea vuelve a poner en debate las condiciones de acceso a los mercados internacionales, especialmente para países como Bolivia, que se encuentra en proceso de adhesión plena al bloque sudamericano. Así lo explicó Miguel Crespo, miembro directivo de PROBIOMA, en una entrevista concedida a El Faro Periodismo, Ambiente e Innovación.
Crespo precisó que Bolivia todavía no es socio pleno del Mercosur y que, incluso dentro del bloque, existen profundas asimetrías económicas y productivas. “Brasil y Argentina son los grandes beneficiados; Paraguay y Uruguay han cuestionado históricamente el trato desigual que reciben. No se trata de un mercado homogéneo”, afirmó.
En ese contexto, recordó que el tratado Mercosur–Unión Europea ha sido negociado durante más de 20 años, enfrentando una fuerte resistencia de productores europeos, particularmente franceses, debido a la competencia que representan los productos agrícolas sudamericanos. Esta oposición ha llevado a que el acuerdo permanezca nuevamente paralizado en instancias de la Unión Europea.
Uno de los principales puntos de conflicto es la decisión de Francia de prohibir la importación de productos provenientes del Mercosur que contengan trazas de agroquímicos, bajo el argumento de proteger la salud de los consumidores y el medioambiente. Para Crespo, esta medida revela una profunda contradicción: “Europa prohíbe productos con agroquímicos, pero sus propias industrias son de las mayores exportadoras de pesticidas del mundo, muchos de ellos prohibidos a nivel internacional”.
Según datos citados por el investigador, en 2018 países europeos exportaron alrededor de 81.000 toneladas de pesticidas a 82 países; para 2024, esa cifra se incrementó en más del 50%, superando las 105.000 toneladas. Grandes corporaciones como Bayer-Monsanto, BASF, Syngenta y Corteva concentran más del 70% del comercio mundial de agroquímicos.
Una oportunidad para Bolivia
Pese a este escenario, Crespo subrayó que para Bolivia las restricciones europeas pueden convertirse en una oportunidad estratégica, ya que el país no compite en volumen con los grandes productores del Mercosur, pero sí puede hacerlo en calidad.
“Bolivia tiene una enorme ventaja comparativa en productos orgánicos y ecológicos como la quinoa real, el café, la chía, el amaranto, el sésamo y una gran diversidad de frutos amazónicos y chaqueños que hoy no están siendo aprovechados”, señaló. Destacó además que Europa es un mercado natural para la quinoa orgánica boliviana, aunque lamentó que gran parte se exporte y re-etiquete como producto peruano.
En ese sentido, resaltó la experiencia acumulada en el país en el uso de bioinsumos, con más de 28 años de trabajo y cerca de 700.000 hectáreas que ya producen bajo este modelo. “Tenemos la tecnología y el conocimiento para producir a gran escala sin agroquímicos. No se trata de producir más, sino de producir mejor”, enfatizó.
Valor agregado y nuevos mercados
Crespo explicó que los productos orgánicos pueden alcanzar precios entre un 20% y un 50% superiores a los convencionales y que la demanda no solo proviene de Europa, sino también de mercados asiáticos y árabes, donde los hábitos de consumo están cambiando hacia alimentos más saludables.
Incluso sectores como el vitivinícola podrían beneficiarse. “Bolivia produce vinos de altura, pero aún no vinos orgánicos. La combinación de altura y producción ecológica podría abrirnos mercados internacionales altamente competitivos”, afirmó, mencionando experiencias exitosas con bioinsumos en los valles bolivianos.
Finalmente, el director de PROBIOMA llamó a superar el modelo agroextractivista, dejar de imitar esquemas productivos de países vecinos y apostar por una estrategia propia basada en calidad, sostenibilidad y soberanía tecnológica. “Las crisis también abren oportunidades. Bolivia no debería desaprovecharlas”, concluyó.

