La identificación de Leopardus tilcayo, una nueva especie de felino silvestre de los Yungas bolivianos, no solo representa un descubrimiento para la ciencia. Para Senda Verde, es también una oportunidad para hablar de tráfico de fauna, conservación, investigación y del enorme potencial de la biodiversidad boliviana.
“No solamente porque es un gatito, sino porque el universo nos está mandando un mensaje muy importante”.
Con esta reflexión, Vicky, representante de Senda Verde, cerró la entrevista concedida a El Faro, Periodismo, Ambiente e Innovación, luego de conversar sobre uno de los descubrimientos de biodiversidad que ha puesto nuevamente a Bolivia en la mirada internacional: el Tilcayo (Leopardus tilcayo), una nueva especie de felino silvestre identificada científicamente en los Yungas.
La investigación que permitió reconocer a la especie utilizó análisis genómicos de ejemplares de distintos países y confirmó que el grupo de los llamados gatos tigre sudamericanos comprende varias especies diferenciadas. El hallazgo convirtió al Tilcayo en la primera nueva especie de felino silvestre descrita formalmente en más de un siglo.
Pero la historia que contó Vicky a El Faro comienza mucho antes del reconocimiento científico, un felino que llegó como víctima del tráfico y que posteriormente sería identificado como Tilcayo llegó a Senda Verde después de haber sido mantenido como mascota.
“Este animal viene por cualquier razón, viene del mascotismo”, explicó Vicky durante la entrevista.
Para ella, el caso permite mostrar una problemática que muchas veces permanece detrás de las fotografías de animales silvestres convertidos en mascotas. “El mascotismo, uno, que es ilegal; dos, hace demasiado daño a los animales y tres, eventualmente los mata”, afirmó.

Cuando el pequeño felino llegó al centro de custodia, presentaba problemas relacionados con la alimentación. Una de las primeras tareas fue adaptar su dieta a las necesidades de un animal silvestre.
La historia refleja así una paradoja: un animal extraído de la naturaleza y llevado a una vivienda terminó convirtiéndose, años después, en una pieza fundamental para ampliar el conocimiento científico sobre la biodiversidad del país.
De Leopardus tigrinus a una especie diferenteDurante años, en Senda Verde se pensó que el ejemplar correspondía a otra especie de felino.“Pensamos que era un Leopardus tigrinus”, relató Vicky.
Las dudas surgieron a partir de la observación del animal y posteriormente fueron profundizadas mediante investigación científica. Paola Nogales Ascarrunz y Enzo Aliaga-Rossel participaron en el proceso que permitió avanzar hacia su identificación genética. La UMSA señala que parte de los primeros análisis y extracciones de ADN se realizaron en su Laboratorio de Genética Molecular y finalmente, los análisis genómicos permitieron confirmar que el animal pertenecía a una especie diferente: Leopardus tilcayo.
El nombre no fue casual. “Tilcayo” era el nombre utilizado localmente para referirse a este pequeño felino, y fue incorporado a la denominación científica, para Vicky, el impacto de la noticia tiene una dimensión que va mucho más allá de la taxonomía. “Siempre poner Bolivia en el mundo es para cualquier cosa positiva, sobre todo algo positivo”, expresó durante la entrevista.
Y en un contexto en el que gran parte de las noticias ambientales están asociadas a incendios, pérdida de bosques, contaminación, tráfico de fauna y especies amenazadas, el Tilcayo representa una historia diferente. “Mientras estamos escuchando qué especies se van extinguiendo, cuáles son vulnerables, bueno, la semana pasada Bolivia dice: ‘Hemos encontrado una nueva especie’”, señaló Vicky.
La identificación del Tilcayo ha generado una amplia repercusión internacional. Medios de distintos países han destacado el descubrimiento y su relación con los bosques nublados de los Yungas pero detrás de la celebración existe una preocupación, en los los Yungas, territorio donde habita el Tilcayo, enfrentan presiones relacionadas con la transformación de los ecosistemas y actividades extractivas. Investigaciones recientes también advierten sobre amenazas como deforestación, incendios y minería en el hábitat de esta especie.
“La minería hace mucho daño”, afirmó, al referirse a la situación que observa en los Yungas y a las presiones que afectan a los ecosistemas cercanos a Senda Verde. La representante del centro incluso planteó que algunos municipios de la región podrían avanzar hacia medidas de mayor protección frente a la actividad minera, mencionando como ejemplos a Palos Blancos y Alto Beni.

Sin embargo, más allá de las posiciones expresadas en la entrevista, la identificación científica del Tilcayo plantea una pregunta concreta: ¿qué se necesita para garantizar que una especie recién reconocida por la ciencia pueda conservar su hábitat?
Para Ossio no basta con descubrir una especie, el descubrimiento también abre un desafío científico. Durante la conversación, Vicky fue cauta cuando se le preguntó si el Tilcayo podría encontrarse en otros sectores de las Yungas, incluyendo zonas más hacia el sur. “Esa respuesta es una respuesta que pueden darla Enzo y Paola”, señaló.
La cautela es importante porque todavía existen vacíos sobre la distribución de la especie. Investigaciones recientes señalan que aún se conoce poco sobre la población silvestre del Tilcayo y que se están realizando trabajos de campo para determinar su distribución y necesidades de hábitat.
Conocer dónde vive, cuántos individuos existen, cuáles son sus amenazas y qué condiciones necesita para sobrevivir será fundamental para definir estrategias de conservación.
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue precisamente el papel que cumplen los centros de custodia de fauna silvestre. “No se trata solamente de acoger animales, creo que se trata de abrir las puertas a la investigación”, sostuvo Vicky.
El caso del Tilcayo es un ejemplo concreto de esa visión puesto que el el animal llegó a un centro de custodia como consecuencia de una situación de mascotismo y terminó convirtiéndose en una fuente de información científica que ayudó a revelar una especie desconocida para la ciencia. “Si no hubiera Senda Verde, no supiéramos este gatito”, destacó la conductora de El Faro durante la entrevista, al reconocer el trabajo del centro.
Para Vicky, los centros de custodia son también “depositarios de una tragedia” que comienza mucho antes: en la extracción de animales de sus ecosistemas y en las redes de tráfico de fauna.
La historia del Tilcayo vuelve a poner sobre la mesa un mensaje que Senda Verde considera fundamental: los animales silvestres no deben convertirse en mascotas. “Los animales silvestres no son mascotas”, insistió Vicky.
Y agregó que la respuesta no puede limitarse a sensibilizar a la población, sino que debe incluir acciones efectivas de control y aplicación de la normativa. Durante la entrevista también cuestionó la falta de procesos judiciales en algunos casos de tráfico y reclamó un mayor cumplimiento de las responsabilidades institucionales.
El llamado, en su visión, alcanza a las autoridades encargadas de la protección de la fauna y de combatir los delitos ambientales. El Tilcayo ha hecho que millones de personas conozcan una pequeña parte de la biodiversidad de Bolivia. Para Vicky, este interés internacional debería convertirse en una oportunidad para repensar el vínculo entre conservación, economía y turismo.
“El turismo sí puede sacar a Bolivia de esta crisis y es un turismo justamente de biodiversidad”, afirmó.
La idea conecta con una discusión más amplia: si la biodiversidad es uno de los principales patrimonios naturales del país, su conservación también puede formar parte de las estrategias de desarrollo local y nacional. Pero para que eso sea posible, primero debe existir aquello que los turistas, investigadores y comunidades vienen a buscar: ecosistemas saludables y fauna silvestre protegida.
El Tilcayo no fue descubierto durante una gran expedición científica en un territorio completamente desconocido. Su historia comenzó con un animal que llegó a un centro de custodia después de haber sido víctima del mascotismo. Fue la investigación científica la que permitió descubrir que detrás de aquel pequeño felino había una historia evolutiva desconocida.
Y ese es quizá uno de los mensajes más poderosos que deja este descubrimiento. “Hay que proteger nuestra fauna, hay que cuidar nuestro Tilcayo, pero no solamente porque es un gatito, sino porque el universo nos está mandando un mensaje muy importante y escuchémoslo”, afirmó Vicky en El Faro.
Un mensaje que habla de ciencia, pero también de responsabilidad. Porque mientras Bolivia celebra haber aportado una nueva especie al conocimiento científico mundial, los bosques donde vive el Tilcayo continúan necesitando protección, un descubrimiento ya ocurrió. Ahora comienza el desafío de conservarlo.

