En el marco del Día Mundial del Suelo, el especialista en manejo sostenible de suelos y biotecnología agrícola, Miguel Crespo, director de PROBIOTEC SRL, alertó que el 42% de los suelos en Bolivia se encuentra en proceso de desertificación, principalmente por el mal manejo agrícola, la deforestación y el uso indiscriminado de agroquímicos.
Durante una entrevista concedida a El Faro: Periodismo, Ambiente e Innovación, el experto subrayó que el suelo es la base de la vida y que su degradación está directamente relacionada con la caída en los rendimientos agrícolas, la ampliación innecesaria de la frontera agrícola y los riesgos para la salud humana y ambiental.
“Creemos que los suelos son infinitos y no es así. Si se los maneja mal, tienen un tiempo de vida”, afirmó.
Crespo explicó que el uso intensivo de agroquímicos y semillas transgénicas ha provocado la pérdida de microorganismos benéficos, dejando suelos infértiles y dependientes de insumos químicos. Como ejemplo, mencionó el caso de la producción vitivinícola en Tarija, donde algunos productores realizan hasta 22 aplicaciones de agroquímicos en un solo ciclo, lo que representa un riesgo para los productores, consumidores y el ecosistema.
“Los químicos matan la vida del suelo. Al principio generan altos rendimientos, pero después el suelo se envicia y deja de producir”, advirtió.
Pese al escenario crítico, el especialista aseguró que la recuperación de suelos degradados es posible mediante el uso de biotecnología basada en microorganismos, como la Trichoderma, combinada con cultivos incorporadores de nitrógeno.
Esta tecnología, desarrollada en Bolivia hace más de 30 años, ya ha sido aplicada con éxito en países como China, Turquía, Mongolia e Irán, donde se utiliza incluso para restaurar suelos desérticos.
“Cuando se deja de usar agroquímicos y se reintroducen microorganismos benéficos, el suelo se regenera y vuelve a producir vida”, explicó.
Miguel destacó la importancia de la Ley de Bioinsumos, ya aprobada en la Cámara de Senadores y pendiente de tratamiento en Diputados. Según explicó, su aprobación y reglamentación permitirían a Bolivia ahorrar hasta 500 millones de dólares anuales en importación de agroquímicos, además de fortalecer la soberanía productiva y la sostenibilidad ambiental.
“Sería uno de los mejores regalos que el Estado puede hacerle al país”, señaló.
Contrario a la creencia general, el especialista aseguró que los productos ecológicos no son más caros y que, en algunos casos, incluso resultan hasta un 10% más económicos, sin generar dependencia ni degradación del suelo.
En el caso de Tarija, el especialista expresó su preocupación por el alto nivel de erosión de los suelos y el manejo intensivo en la producción vitivinícola. Señaló que, pese al potencial productivo del departamento, algunos viñedos llegan a realizar hasta 22 aplicaciones de agroquímicos por campaña, lo que no solo degrada aceleradamente los suelos, sino que también representa un riesgo para la salud de los productores y consumidores. “Tarija tiene una oportunidad estratégica para mejorar su competitividad apostando por la producción vitivinícola ecológica, basada en el cuidado del suelo, el uso de bioinsumos y la restauración de tierras degradadas desde la raíz”, menciona.
Finalmente, el experto hizo un llamado a los productores a realizar una transición gradual hacia sistemas sostenibles, incorporando rotación y asociación de cultivos, y a la población a exigir alimentos producidos de manera responsable, priorizando la salud y el cuidado del ambiente.
“Cuando la naturaleza se la trata bien, devuelve vida y producción; cuando se la maltrata, deja de producir”, concluyó.

