TARIJA RECUERDA LOS DÍAS ACIAGOS: ENTRE HISTORIA, TRADICIÓN Y FE

En una enriquecedora conversación radial, el historiador y comunicador Miguel Molina rescató con gran sensibilidad y conocimiento una de las creencias más profundas del imaginario popular tarijeño: los días aciagos de agosto. Estos primeros tres días del mes, considerados por generaciones como los más nefastos del año, marcan una pausa sagrada en el ciclo agrícola de la región y reflejan una rica fusión entre fe, tradición y respeto a la madre tierra.

Durante la entrevista, Molina explicó que estos días eran temidos por los antiguos habitantes del valle, quienes evitaban cualquier tipo de labor en el campo. Ni las herramientas eran tocadas, ni los animales de trabajo eran molestados. “Decían que eran los días peores del año”, señaló, en referencia al inicio de un periodo considerado riesgoso para la salud, la producción y la naturaleza misma.

Esta percepción no se limitaba a Tarija. También se extendía a otras regiones como Chuquisaca, Potosí, Oruro y Cochabamba, donde se practicaban rituales de ofrenda a la Pachamama para protegerse de las enfermedades y desgracias asociadas al mes de agosto. “En Tilcara (Jujuy), por ejemplo, la frase es: ‘hay que aguantar agosto’. Si pasa agosto, vamos a estar bien”, relató.

Molina también recordó que antiguamente se conocía a agosto y septiembre como “los meses de la peste”, debido a brotes de enfermedades como la viruela. Frente a este panorama, la fe y las festividades populares se convertían en mecanismos de resistencia espiritual y social. Es el caso de San Roque, patrono invocado contra las plagas, cuya feria en Tarija no solo tenía un componente religioso, sino que también habría un nuevo circuito económico para las familias rurales.

“El ciclo agrario en Tarija era limitado por la falta de riego. Lo que se producía entre diciembre y febrero debía durar hasta la feria de San Roque, que marcaba el inicio de otra etapa de sobrevivencia”, explicó.

Sin embargo, este conocimiento ancestral se encuentra hoy en riesgo de desaparecer. Con la expansión urbana y el debilitamiento del vínculo campo-ciudad, muchas de estas creencias han quedado relegadas a la memoria de los mayores. “Ya no quedan fuentes primarias. Muchos de nuestros abuelos ya no están, y con ellos se ha ido una parte fundamental de nuestro saber colectivo”, lamentó Molina.

A pesar de ello, el historiador celebró la permanencia de festividades como San Roque y la Virgen de Chaguaya, que han logrado conservar su carácter espiritual y familiar, alejadas del consumo excesivo de alcohol que afecta otras celebraciones en el país. “La fe tarijeña ha sabido reformarse, mantener su inocencia y su vínculo con la naturaleza”, destacó.

Miguel Molina también rindió homenaje a quienes han contribuido a rescatar y preservar esta memoria cultural, como Manuel León Jaramillo, Policarpio Sánchez y Juan de Dios Sigler, entre otros. “Fueron personas generosas con su conocimiento, que entendieron el valor de compartir lo aprendido”.

Finalmente, el comunicador invitó a continuar con estos espacios de reflexión y memoria. “La historia no es solo pasado; es una herramienta para construir el futuro, sin perder la identidad”, afirmó.

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