EN NOTICIAS: «CONVERSAR ES TAMBIÉN CONSTRUIR»: EL LEGADO VIVO DE FRANCISCO EN LA VOZ DE CECILIA BARJA
En una entrevista íntima y profundamente reflexiva que tuvimos con la coordinadora para las Américas del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral del Vaticano, Cecilia Barja Chamas, compartió una visión esperanzadora y urgente sobre el papel de la Iglesia Católica frente a los desafíos ambientales y sociales contemporáneos. La conversación giró en torno al legado del Papa Francisco, el sentido espiritual del cuidado de la creación y la importancia de tejer vínculos humanos y territoriales desde una fe que se vive en acción.
Barja sostuvo que el mensaje del Papa Francisco no es una propuesta aislada o coyuntural, sino una continuidad viva de una trayectoria eclesial que se remonta a décadas atrás. Recordó que desde los años 60, la Iglesia ya reflexionaba sobre temas ecológicos y de justicia social, con aportes significativos de papas como Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI.
Sin embargo, fue el Papa Francisco quien, según Barja, logró aterrizar esta doctrina social en contextos concretos, convocando a procesos de escucha profunda y sinodalidad. Un ejemplo clave de ello fue el Sínodo para la Amazonía, un hito que transformó la manera en que la Iglesia se relaciona con los territorios. Francisco propuso mirar los biomas —como la Amazonía, el Gran Chaco, el Congo o Oceanía— como “lugares teológicos”, es decir, espacios sagrados donde la fe se vive, se manifiesta y se renueva a través de la convivencia con la naturaleza y el saber de los pueblos originarios.
En esta línea, Cecilia Barja explicó cómo el Vaticano ha impulsado la conformación de redes territoriales eclesiales, una novedad tanto para la Iglesia como para la sociedad civil. Entre ellas, destacó la Red Eclesial del Gran Chaco y el Acuífero Guaraní (RECHAG), una de las cinco redes globales que buscan responder desde los territorios al desafío del cuidado de la Casa Común. Estas redes, según explicó, están integradas por organizaciones religiosas, ambientales y sociales que colaboran más allá de las fronteras políticas o eclesiales, como una expresión viva de unidad y corresponsabilidad.
Un aspecto central de la entrevista fue la noción de sinodalidad, entendida como un camino colectivo basado en el encuentro, la escucha y la participación. Barja subrayó que esta forma de caminar juntos no se limita al clero, sino que incluye a laicos, mujeres, pueblos indígenas, personas de otras religiones o sin creencias religiosas. “La Iglesia somos todos”, afirmó, y recordó que uno de los grandes legados del Papa Francisco ha sido precisamente abrir estos espacios de diálogo inclusivo.
A lo largo de la conversación, Inga Olmos mencionó cómo, bajo el pontificado de Francisco, la Iglesia ha llegado a territorios antes olvidados o alejados del centro institucional. Barja reafirmó este punto con ejemplos conmovedores, como la histórica decisión del Papa de lavar los pies de una mujer musulmana encarcelada en Roma durante su primer año de pontificado, gesto que sintetiza su visión pastoral de acercamiento a las periferias, tanto geográficas como existenciales.
Otro punto destacado fue la valoración de los saberes locales y ancestrales. Barja sostuvo que el reconocimiento de estas voces ha sido fundamental para el enfoque actual de la Iglesia, que ya no actúa solo como una emisora de doctrina, sino como una comunidad que escucha, aprende y camina con los pueblos. Este enfoque, señaló, es parte de una conversión ecológica y espiritual que interpela a todos, independientemente de su fe.
Al ser consultada sobre cómo honrar el legado del Papa Francisco, Barja fue clara en su llamado a la acción concreta. Frente a un mundo atravesado por crisis económicas, sociales, ambientales y espirituales, lo urgente —dijo— es recuperar la esperanza activa. “No podemos perder la fe en nosotros mismos ni en los otros. Debemos traducir nuestros ideales en actos, en procesos, en encuentros reales. El Papa nos enseñó que conversar es también construir”, afirmó.
Finalmente, reiteró que este legado no es solo del Papa, sino una responsabilidad compartida. “Todos podemos abrir espacios. Así como Inga crea este programa de radio, otros pueden tender puentes desde sus propios lugares. La transformación comienza en lo cotidiano, en cómo nos aproximamos al otro y a la naturaleza, dejando atrás prejuicios y buscando puntos de unión”, concluyó.
La entrevista, más allá de un intercambio de ideas, se convirtió en una invitación a repensar la relación entre espiritualidad, ecología y humanidad. En tiempos de división e incertidumbre, el mensaje de Cecilia Barja —eco del pensamiento de Francisco— plantea que solo con diálogo profundo, humildad y acción colectiva se puede construir un futuro verdaderamente sostenible y fraterno.

