Los incendios forestales que afectan a distintas zonas del departamento, como Erquis, Coimata, Quirusillas y el Rincón de la Victoria y sectores cercanos a la Reserva de Sama, ya no responden únicamente a condiciones climáticas extremas. Para la especialista entrevistada en el programa El Faro, Claudia Oller bióloga de PROMETA, la actual emergencia es el resultado de la combinación entre el cambio climático, la expansión desordenada de asentamientos sobre áreas rurales, la pérdida de planificación territorial y la presencia de especies vegetales altamente inflamables.
Durante la entrevista, explicó que los fuertes vientos calientes registrados durante el invierno, similares a los denominados «vientos sonda», incrementan considerablemente la velocidad de propagación del fuego. Sin embargo, sostuvo que el principal agravante es que los incendios ya no ocurren únicamente en áreas naturales, sino en una interfaz donde conviven vegetación, actividades agropecuarias y viviendas.
«La combinación del cambio climático con la expansión desordenada sobre áreas rurales está haciendo que los incendios sean mucho más intensos, más severos y prácticamente incontenibles», afirmó.
La especialista cuestionó el crecimiento de urbanizaciones y loteamientos en predios originalmente destinados a la producción agropecuaria, señalando que muchas de estas ocupaciones se desarrollan sin planificación, servicios básicos ni respeto por el uso del suelo.
Indicó que sectores como El Portillo, Erquis y otras comunidades del valle central muestran una transformación acelerada del paisaje rural, donde antiguas zonas agrícolas hoy presentan barrios y viviendas dispersas.
A su criterio, esta expansión incrementa el riesgo porque obliga a los equipos de emergencia a proteger viviendas además de combatir el incendio forestal, fenómeno característico de los denominados incendios de quinta generación, que ocurren en la interfaz urbano-forestal.
La entrevistada manifestó su preocupación porque gran parte del fuego se desarrolla sobre las áreas de recarga hídrica de Erquis, Coimata, La Victoria y otros sectores vinculados a la Reserva Biológica de Sama, de donde proviene buena parte del agua que abastece a la ciudad de Tarija.
Advirtió que, aunque la época más crítica de escasez de agua suele registrarse entre agosto y octubre, la pérdida de cobertura vegetal podría agravar la futura crisis hídrica. «Se están quemando las zonas donde se produce el agua que consume Tarija. Es una afectación que tendrá consecuencias más adelante», alertó.
La bióloga explicó que los incendios no solo destruyen vegetación, sino también los sistemas productivos que sostienen a cientos de familias campesinas. “Actualmente el fuego consume extensas áreas de pastoreo utilizadas durante el invierno por el ganado mediante el sistema tradicional de trashumancia, reduciendo el alimento disponible para bovinos, caprinos y ovinos”.
Asimismo, señaló que los incendios afectan la apicultura al destruir plantas que florecen durante el invierno y sirven de alimento para las abejas, reduciendo la futura producción de miel a lo que se suma la muerte de fauna silvestre y la pérdida de múltiples servicios ecosistémicos esenciales para el equilibrio ambiental.
La entrevistada rechazó que los productores rurales sean los principales responsables de estos incendios, argumentando que quienes viven históricamente en el campo conocen el comportamiento del fuego y difícilmente pondrían en riesgo su propia fuente de sustento.
Consideró que muchos incendios podrían estar vinculados a personas sin experiencia en el manejo del fuego o al crecimiento de población urbana asentada en áreas rurales sin conocimiento de las dinámicas ambientales.
Otro de los factores identificados es la expansión de la planta conocida como pasto cubano (Tithonia tubaeformis), una especie invasora que prolifera en lotes baldíos y zonas abandonadas, explicó que esta planta puede alcanzar hasta tres metros de altura y posee una elevada inflamabilidad, favoreciendo la rápida propagación de las llamas durante la época seca.
Recordó que en provincias del norte argentino existen programas específicos para controlar esta especie, mientras que en Tarija aún no se observan políticas públicas para su erradicación ni controles sobre terrenos invadidos por esta vegetación.
Finalmente, la especialista sostuvo que la emergencia actual debe servir para replantear la planificación territorial y fortalecer el control sobre loteamientos ilegales, el manejo de especies invasoras y la protección de áreas de recarga hídrica.
Afirmó que la magnitud de los incendios demuestra que Tarija enfrenta un nuevo escenario de riesgo, donde confluyen factores climáticos, ambientales y humanos que requieren respuestas integrales y de largo plazo.
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