Foto: Centro de Operaciones del Gran Paisaje Chaco Pantanal Ñembi Misi
La organización nació en Tarija con cuatro personas y hoy reúne a cerca de 50 profesionales que trabajan en el Gran Chaco y Pantanal boliviano, promoviendo ganadería sostenible, apicultura, artesanía indígena, gestión de áreas protegidas y adaptación al cambio climático.
Hace 23 años, un pequeño equipo de cuatro personas decidió crear una organización que demostrara que proteger la naturaleza también podía generar oportunidades para las comunidades. Hoy, Nativa celebra más de dos décadas de trabajo consolidándose como una de las instituciones referentes en conservación y desarrollo sostenible en Bolivia, con presencia en el Gran Chaco y Pantanal y una red de aliados que impulsa procesos ambientales, productivos y sociales de largo plazo.
Durante una entrevista en el programa El Faro: Periodismo, Ambiente e Innovación, la fundadora y responsable del Chaco de Nativa, Marcela Zamora, recordó que la organización nació el 7 de julio de 2003 a partir de una necesidad concreta: fortalecer la gestión de las áreas protegidas mediante mecanismos más ágiles que permitieran movilizar recursos y acompañar a las comunidades que habitan estos territorios.
«Veíamos que era muy difícil hacer gestión desde las áreas protegidas porque los recursos apenas alcanzaban para el funcionamiento básico. Había que buscar nuevas formas de apoyar la conservación y demostrar que vivir dentro de un área protegida también puede representar oportunidades para las familias», explicó.
Lo que comenzó con apenas cuatro integrantes, Marcela Zamora, Iván Arnold, Ricardo Arce y Cecil Russel, se transformó en una institución integrada actualmente por cerca de 48 profesionales distribuidos entre Tarija, Santa Cruz, Villa Montes, Charagua y Roboré.
Para Zamora, uno de los principales logros alcanzados durante estos 23 años ha sido cambiar la percepción sobre la conservación. Durante mucho tiempo, explicó, existía la idea de que conservar significaba únicamente restringir el uso de los recursos naturales. Sin embargo, la experiencia desarrollada por Nativa demuestra que la protección de los ecosistemas constituye la base del desarrollo económico y social.
«No puede haber desarrollo sin conservación. El agua que mueve la producción proviene de los bosques y de las áreas protegidas. Si no conservamos nuestros ecosistemas, tampoco podremos sostener nuestras actividades productivas ni garantizar un futuro para las próximas generaciones», afirmó.
La organización impulsa un enfoque que integra producción, conservación y bienestar de las comunidades, promoviendo actividades económicas compatibles con la protección del patrimonio natural.
En el Chaco boliviano, Nativa acompaña procesos de producción sostenible adaptados a las características del territorio. Uno de los principales ejes de trabajo es la ganadería bajo monte, un sistema tradicional que aprovecha el bosque nativo como fuente de alimentación para el ganado y contribuye a mantener la cobertura forestal.
La institución también ha impulsado el fortalecimiento de la cadena apícola en Villa Montes, promoviendo una miel producida exclusivamente en bosques nativos, libre de residuos de agroquímicos y reconocida por su alta calidad.
«Queremos que los consumidores reconozcan el valor de productos que ayudan a conservar el bosque. La biodiversidad también genera desarrollo cuando se le da un valor económico sostenible», señaló Zamora.
A ello se suma el trabajo con pueblos indígenas Weenhayek y Guaraní para fortalecer la producción artesanal mediante la incorporación de nuevos diseños, estrategias comerciales y acceso a mercados.
Como parte de este proceso nació Alma de Monte, una estrategia que busca posicionar productos sostenibles elaborados por familias del Gran Chaco, demostrando que la conservación también puede convertirse en una fuente de ingresos para las comunidades.
Otro de los aportes destacados por la organización ha sido el desarrollo de herramientas para la planificación territorial frente al cambio climático.
Nativa fue pionera en la creación de metodología SICCLIMA para elaborar Planes Municipales de Adaptación al Cambio Climático, experiencia implementada inicialmente en municipios de Bolivia y posteriormente replicada en Argentina, Paraguay e incluso Guatemala.
La iniciativa permitió incorporar la gestión del riesgo climático dentro de la planificación pública, favoreciendo acciones preventivas frente a sequías, incendios forestales y otros eventos extremos.
«La prevención siempre cuesta mucho menos que atender los daños cuando ya se producen las emergencias. Nuestro trabajo consiste en generar herramientas que luego puedan ser adoptadas y fortalecidas por los gobiernos municipales y departamentales», explicó.
Actualmente, la organización acompaña la actualización de estos instrumentos en municipios como Villa Montes, consolidando procesos iniciados hace varios años.
Más allá de los proyectos específicos, Zamora destacó que el verdadero impacto de Nativa radica en la construcción de alianzas de largo plazo.
“La organización trabaja junto a comunidades indígenas, productores, municipios, organizaciones de la sociedad civil, instituciones académicas y redes internacionales como Redes Chaco, impulsando iniciativas que trascienden los tiempos de financiamiento y buscan consolidar procesos sostenibles en el territorio” afirma.
Entre las acciones actuales también se encuentran el fortalecimiento de la gestión de áreas protegidas, la prevención de incendios forestales en la Chiquitanía, el apoyo a corredores de conservación como el recientemente creado Corredor del Pilcomayo y nuevas iniciativas de cooperación internacional orientadas al desarrollo sostenible del Gran Chaco.
Tras 23 años de trabajo, Nativa reafirma una convicción que ha guiado su trayectoria desde sus inicios: el desarrollo de los territorios depende de la capacidad de conservar los ecosistemas que sostienen la vida, la producción y el bienestar de las comunidades.

