ITASA INICIA ESTUDIO PARA EVALUAR IMPACTO DE INCENDIOS FORESTALES EN LA RECARGA HÍDRICA DE LA CORDILLERA DE SAMA

El Instituto Tecnológico Agropecuario San Andrés (ITASA), a través de su carrera de Gestión de Recursos Hídricos y Riego, ha iniciado un nuevo estudio para evaluar el impacto del reciente incendio forestal que afectó la Reserva Biológica Cordillera de Sama en la recarga hídrica de la zona, considerada estratégica para el abastecimiento de agua de Tarija.

El licenciado y docente Armando Smith, representante de ITASA, explicó en entrevista televisiva que el estudio busca cuantificar las tasas de infiltración del agua en suelos quemados en la subcuenca de Lazareto, una de las más afectadas por los incendios. Esta información permitirá conocer con precisión el grado en que la capacidad de recarga del acuífero ha disminuido tras la pérdida de vegetación.

“Con la desaparición de la cobertura vegetal, ya sea por incendios, chaqueos o sobrepastoreo, el agua de lluvia escurre más rápidamente en superficie y se infiltra menos en el suelo, afectando directamente la recarga de acuíferos que abastecen a la población”, explicó el especialista.

Antecedentes y metodología

ITASA ya cuenta con antecedentes importantes. Tras el incendio de 2017, que afectó más de 12.600 hectáreas, se realizaron pruebas de infiltración mediante el método de Horton en zonas quemadas y no quemadas, detectando una disminución promedio del 20% en la tasa de recarga. En 2022, se repitió un estudio limitado en la cuenca de Lazareto, aunque sus resultados aún están en procesamiento.

Con el nuevo incendio de 2025, que afectó cerca del 10% del total de la reserva (aproximadamente 12.500 hectáreas), ITASA ha decidido centrar su análisis nuevamente en Lazareto, una microcuenca clave que ha sido afectada por tercera vez.

Las pruebas se realizarán en al menos 15 puntos distribuidos en la parte alta, media y baja de la cuenca. Posteriormente, los datos serán procesados con la metodología del balance de suelos, considerando precipitación, escorrentía, evaporación e infiltración.

Se estima que el procesamiento de los datos tomará entre dos y tres meses, tras lo cual se contará con información técnica fidedigna sobre el efecto concreto del incendio en la recarga hídrica.

En cuanto a la vegetación, el especialista detalló que la recuperación natural es posible, pero requiere muchos años, especialmente para especies como la queñua (Polylepis tomentella), la yareta (Azorella compacta) y la paja brava (Stipa ichu), propias del ecosistema altoandino. Aunque en algunos casos, como en la Chiquitanía, hay especies que necesitan el fuego para germinar, ese no es el caso en la Cordillera de Sama.

Además, advirtió que con las primeras lluvias, las cenizas generadas por el incendio podrían ser arrastradas por el escurrimiento y contaminar fuentes superficiales de agua, como las que abastecen al sistema de COSAALT, lo cual podría impactar temporalmente en la calidad del agua potable.

Desde ITASA se hizo un llamado a la conciencia ambiental, destacando que la pérdida de vegetación impacta directamente en la disponibilidad de agua para consumo humano. Por ello, se reiteró la necesidad de evitar quemas no controladas y promover la conservación de los ecosistemas de altura.

“Este tipo de estudios no solo generan información científica útil, sino que también fortalecen la conciencia ciudadana sobre la importancia de nuestros recursos naturales”, remarcó el licenciado Armando, quien también destacó la participación activa de estudiantes y docentes, muchos de ellos formados como bomberos voluntarios.

En otro ámbito, ITASA también obtuvo el segundo y tercer lugar en una reciente feria educativa en la categoría de recursos hídricos. Los proyectos premiados abordaron el uso de aguas residuales tratadas para riego agrícola y un sistema de riego subterráneo, innovaciones que apuntan a una gestión más eficiente del agua en contextos de escasez.

Scroll al inicio